Empecé en el Secretariado Ejecutivo. Sentada al lado de quien decide fue donde aprendí a ver la mecánica de la decisión: quién está en la mesa, qué llega hasta ella y qué se queda fuera.
Ese camino me llevó al gobierno corporativo, que es justamente la disciplina de organizar esa mecánica.
La nutrición entró por otra puerta y durante un tiempo corrió en paralelo. Empecé a estudiarla por interés propio, por desarrollo personal, sin imaginar que se encontraría con mi trabajo. El encuentro llegó cuando estudié Culture of Health en Harvard Online.
Allí el vínculo quedó claro, y el vínculo son las decisiones. La nutrición es uno de los pilares de mejores decisiones, y nutrir no se reduce a comer. Es todo lo que entra en nuestra mente por los ojos, los oídos y la boca. Nutrir también es sentir, y la sensación y el sentimiento están dentro de cada decisión.
Con esa pregunta llegué al PPGOLD, en la Universidad Federal de Paraná, para investigar cómo implementar proyectos que de verdad mejoren las decisiones organizacionales.
Hoy trabajo en la frontera entre gobierno corporativo y salud. La NR‑1 puso en la agenda corporativa algo que siempre estuvo allí, pero sin estructura: el riesgo psicosocial. No se resuelve con una campaña de bienestar. Se resuelve con proceso de decisión, evidencia y responsabilidad definida. Y la neurociencia entra en esa cuenta porque decidir es comportamiento humano antes de ser un flujo en el organigrama.